Teisho de Ki'un An en Nihonmatsu, 3/11/2006
Ana María Schlüter Rodés
Muchas gracias, Yamada Ryo'un Roshi,
por su generosa invitación a “representar Zendo Betania,
una rama independiente de Sambô Kyôdan”
en este kenshukai
de Nihonmatsu, el lugar donde nació Yamada Kôun Roshi,
en el año de su centésimo día de nacimiento, y de dar además un teisho. Es una ocasión excepcional para expresar mi
gratitud a nuestro difunto maestro Yamada Kôun. Solía decir que el mejor agradecimiento es la
práctica continuada del zen, siguiendo sus enseñanzas.
Que este teisho sea una expresión de gratitud a él en
este sentido.
Durante los últimos años he descubierto que los poemas del Shinjinmei,
Shôdoka, Sandôkai y Hôkyôzammai, manifestaciones únicas de despertar auténtico,
ofrecen orientaciones excepcionales para mantener la práctica del zen en una vía o cauce correcto y maduro. Los teishos de Kôun Roshi sobre ellos, accesibles gracias a la traducción de Paul Shepherd, acompañando el zazen fueron abriendo cada vez más el acceso a la realidad
a que apuntan estos poemas.
Estoy cada vez
más convencida de que “una enseñanza fuera de las escrituras que no admite la
enseñanza en las escrituras, no es verdadera enseñanza”
[1]
y que en tal caso está
expuesta a engaños ilusorios. “Penetrar en el principio fundamental y no
penetrar en las enseñanzas es como abrir los ojos en la oscuridad. Penetrar en
las enseñanzas y no en el principio fundamental es como cerrar los ojos a plena
luz del día. Penetrar tanto en el principio fundamental como en las enseñanzas
sobre él es abrir los ojos a la clara luz del día”
[2]
. Esto es lo que estoy
intentando hacer.
Tratando de
seguir fielmente las enseñanzas de Yamada Kôun Roshi, entiendo fidelidad de
una manera dinámica. Yamada Kôun
nos ayudó a los cristianos al principio a entrar en el camino del zen diciendo que los cristianos experimentan lo mismo que
los budistas zen, y lo ilustraba diciendo que unos y
otros beben el mismo té. Aunque básicamente no hay ninguna diferencia, me he
ido dando cada vez más cuenta que quien antes de beber el te ha comido un
dulce, tendrá un gusto distinto del té en su boca que quien no lo ha tomado o
ha tomado otro. Esto significa lo siguiente:
Zen me ha enseñado en primer lugar a cultivar
una experiencia religiosa a través del zazen, yendo
más allá del pensar. La dimensión mística de la Biblia se hizo cada vez más
patente, especialmente en la Buena Nueva de Jesús el Cristo o Ungido por el
Espíritu. Descubrí San Juan de la Cruz y otros místicos, sobre todo cristianos,
pero también musulmanes como Ibn–al-Arabí. También
los cuentos recogidos por los Hermanos Grimm en los
pueblos alemanes de Niedersachsen, que me habían
acompañado desde mi niñez, reflejaban de múltiples maneras el proceso hacia el
despertar a esa dimensión profunda de uno mismo y de cuanto existe.
Pero la práctica
del zen todavía ha ofrecido algo más, algo que al
principio no me podía imaginar. Descubrí paulatinamente que estaba aprendiendo
una nueva lengua, que ofrecía nuevas
posibilidades de caer en la cuenta de determinadas dimensiones de la experiencia
y de expresarlas. Aunque la realidad última inefable no puede ser sino una y la
misma siempre, el marco religioso en el que los humanos viven y hablan, influye
en la posibilidad de experimentar y en la interpretación de la experiencia. Una
nueva lengua no sólo ofrece nuevas posibilidades de expresar lo que se ha
experimentado sino que además crea nuevas posibilidades de percepción, mientras
a la vez ofrece un instrumento para evitar que caiga en olvido lo que se ha
experimentado. En mi experiencia, un cristiano que practica zen,
no sólo aprende un nuevo modo de acercarse al misterio trascendiendo las
limitaciones del pensar objetivo. Además aprende una nueva lengua que ofrece
nuevos modos de caer en la cuenta y de formular aquello de que ha caído en la
cuenta, con lo cual se le abren horizontes nuevos.
"Ninguna
mística se eleva en el vacío, sino que
todas se asientan en una base, que niegan con insistencia, aunque a la vez
reciben de ella su ser característico,
nunca idéntico con el de otras místicas surgidas en otros lugares".
[3]
Por esto
agradezco mucho esos grandes poemas zen y los teishos de Yamada Kôun Roshi sobre ellos. Al mismo
tiempo he tomado cada vez más conciencia de la necesidad de cultivar el
lenguaje cristiano propio, pues el lenguaje budista zen
es diferente y ninguno de los dos puede sustituir al otro. Precisamente debido
a su diferencia pueden enriquecerse mutuamente. Para decirlo brevemente:
Zen es un camino de despertar al vacío –KU, SHUNYATA– (Prajnaparamita sutras), al misterio, a la realidad que no se puede
percibir por ninguno de los seis sentidos, incluido el entendimiento. El vacío
es como agua limpia, en que no se distingue nada, hasta el punto de que incluso
se podría dudar si realmente hay agua en el vaso. Esto es la base de la
experiencia de que todas las cosas están interconectadas, del surgir
interdependiente de cuanto existe –PRATITYA SAMUTPADA–
(Avatamsaka sutras).
También es la razón por la cual es imposible decirlo con palabras, por lo que
la mejor respuesta sería el silencio (Vimalakirti sutra). El zen enseña un camino
para caer en la cuenta de ello (Lankavatara sutra). En el zen SATORI y KARUNA
van de la mano; no hay iluminación verdadera sin compasión, pero la raíz de
todo, incluso de la compasión, es el vacío, plenitud vacía. Esta es la
experiencia humana que está en el centro de esta tradición. Es lo que
caracteriza la perspectiva zen sobre la realidad.
Toma cuerpo en el Buda, el Despierto.
La vida y
tradición cristianas se centran en otra experiencia humana fundamental, la
experiencia del amor, de la relación personal con el misterio y con el prójimo.
El misterio en sí mismo ya es relación, amor, tri-unidad.
Toma cuerpo en Jesús el Cristo, el Ungido por el Espíritu de Amor. Él es la
imagen visible del Invisible. Dice de sí mismo: “Quien me ve a mí ve al Padre”
(Jn 14,9), el cual es “Dios, al que nunca nadie ha
visto” (Jn 1,18ª). Cuando Dios se revela se
manifiesta como amor: “Reveló su bondad extraordinaria y amor a los hombres”,
escribe el apóstol Pablo a su asistente Tito (Tit
3,4).
La experiencia
humana siempre es limitada, incluida la experiencia de lo Ilimitado, debido a
que entra en un ser limitado. Esta experiencia todavía queda más limitada por
el recuerdo que queda de ella y por estar condicionada por la historia
individual de cada uno y por su trasfondo cultural.
[4]
Todas las
tradiciones religiosas enfatizan una determinada experiencia humana fundamental
o perspectiva específica. Por esta razón surge de lo más profundo del corazón
humano el anhelo de conocer al otro; por eso mismo tiene tanto sentido el
encuentro, a fin de ser corregidos en la propia perspectiva y enriquecido por
la otra. Es posible descubrir las
semillas del otro en uno mismo. A la vez que uno se adentra en la nueva
perspectiva, la perspectiva original debería ser cultivada y transmitida
fielmente, no dejándola de lado; de otra manera la humanidad quedaría
empobrecida.
Caminando como
cristiano/a en el camino del zen, tiene lugar una
doble conversión: al centro de la propia perspectiva y a la perspectiva nueva.
Es una invitación a vivir en una tensión fructífera sin reducir una perspectiva
a la otra.
************
Quisiera comentar
ahora algunos versos del Hôkyôzammai, una de las
enseñanzas maravillosas manifestación de despertar auténtico, expresión de un zen que ha llegado a la madurez. Como es sabido, es uno de
los poemas zen más sobresalientes y fue escrito en el
siglo IX en China. Se cree que es obra de Tôzan Ryôkai, que lo compuso probablemente siendo abad en el
Monte Tô, al sudeste del Lago Dung-ting. Se recita a diario en los monasterios Sôtô.
El poema todo él
apunta a nuestra naturaleza raíz (o naturaleza esencial, para decirlo en un
lenguaje más filosófico), a la que Tôzan se refiere
como un espejo joya (HÔ-KYÔ). A menudo la naturaleza raíz se llama una triple
joya (SAM-BO). Si la comparamos con un árbol, sería la triple raíz, de la cual
surgen un tronco triple o trilobulado y frutos triples o trilobulados. ¿Por qué
triple? Representa lo que siempre es lo mismo, sin forma, vacío; y que, a la
vez, potencialmente es todas las formas diferentes; igualdad y diferencia en
unidad. La realidad en su raíz es igualdad absoluta y diferencia absoluta en
unidad absoluta. Esa es la verdadera raíz, y volver a ella es la cosa más
importante a hacer, es el primer precepto. De allí surge un tronco tiple: no hacer ningún mal, hacer todo bien, salvar a los
seres. Cuando el comportamiento surge de un modo inmediato de ese triple
tesoro, aparecen frutos buenos en el árbol, frutos buenos con relación a la
vida, a las cosas, a las personas, al hablar, etc. También éstos son triples:
iguales, diferentes y vivificadores.
Tôzan no habla en términos de un triple tesoro
sino en términos de un “espejo tesoro”. Nuestra verdadera naturaleza es como un
espejo de gran valor, un verdadero tesoro. Cuando alguien lo experimenta,
estando en SANMAI o abismamiento, las cosas se
reflejan en él como en un espejo muy limpio. Refleja todas las cosas por igual
en su igualdad, cada una en su forma diferente y unicidad, y reacciona de
acuerdo. Nuestra verdadera naturaleza se asemeja a un espejo que es un gran
tesoro. Estando en SANMAI puede que se experimente en algún momento algo como
nada, que no es ninguna cosa, como una cueva oscura; no puedes recordar nunca
qué es, pero sabes que es. Y, por extraño que parezca, de ahí cae luz sobre
problemas concretos, junto con una nueva capacidad para resolverlos. Nuestra
naturaleza raíz verdaderamente es un espejo tesoro. En él las cosas aparecen
tal cual realmente son.
Es el “Dharma de la talidad”, como dice Tôzan en la primera línea de su poema:
El
Dharma de la talidad, transmitido directamente por budas y
patriarcas, hoy es tuyo; guárdalo bien.
El Dharma de la talidad es la realidad tal cual es, lo que
puedo ver, oír, gustar, pensar etc. y a la vez es un “no sé qué”. Es imposible
de transmitir, de enseñar por medio de palabras; es una transmisión directa de
corazón a corazón. Lo que se llama maestro/a zen,
hablando con más propiedad sería una comadrona. El verdadero maestro es el
triple maestro interior, como dice el Sexto Patriarca. Seguir a este maestro
interior es la cosa verdaderamente importante; el maestro/a exterior junto con
su discípulo/a ha de seguir antes que nada a aquél. Antes de entrar en el
nirvana, Shakyamuni Buda dijo a su primo Ananda: “Ananda, sigue tu propia
luz. No dependas de nadie más que de ti mismo. Que el Dharma
de la talidad sea tu luz y fundamento.” Es una llamada a seguir la luz interior
de la naturaleza raíz, del espejo tesoro. El maestro/a exterior tiene la
importante función de discernir junto con su discípulo/a si lo que percibe es
la luz del Dharma de la talidad o un engaño ilusorio.
En este sentido el maestro/a exterior ha de ser un maestro del discernimiento.
El Dharma de la talidad, sigue diciendo Tôzan
en el Hôkyôzammai,
es como un cuenco de plata lleno de nieve, como garzas reales confundiéndose con la luz
de la luna.
El cuenco de
plata, visto a la luz de la luna, se parece mucho a la nieve que se ha fundido
en la superficie a la luz del sol y que durante la noche se ha helado. El
cuenco de plata y la nieve pueden parecer iguales, pero al mismo tiempo son
completamente diferentes; la nieve se funde, el cuenco de plata permanece
sólido. Tôzan se vale de esta imagen para expresar
igualdad y diferencia en unidad. Yamada Kôun Roshi, por su parte, a
menudo se valía del quebrado; el denominador siempre es un cero con el signo
del infinito en su interior, mientras que el numerador es cualquier cosa del
mundo fenoménico. El denominador expresa mismidad, igualdad, vacío de potencial
infinito, y el numerador diferencia, forma. De la misma manera que un quebrado
es la unidad de ambos, denominador y
numerador, la realidad siempre es la unidad de igualdad y diferencia. Yamada Kôun Roshi
repite de diferentes maneras esta estructura básica de la realidad en su teisho sobre el Hôkyôzammai. Así
dice: “Luz es oscuridad, oscuridad es luz. Esto es la verdadera realidad...
Forma la base de la visión budista del universo y del mundo.”
[5]
“En la igualdad hay diferencia.”
[6]
“(SHÔ y HEN) son uno pero dos, dos pero uno.”
[7]
“Armonía
totalmente estrecha entre SHO'I y HEN'I...
SHÔ y HEN son dos a la vez que uno y uno a la vez que dos.”
[8]
Finalmente:
“Unidad y dualidad simultáneas son la verdadera aparición de todas las cosas en
el universo.”
[9]
Ahí hay dualidad, pero no dualismo, unidad pero no monismo.
Dualismo es dualidad sin ver la unidad; monismo es unidad sin ver la dualidad. Tôzan ofrece varios símbolos en su poema para subrayar esta
verdadera estructura básica de la realidad. Así habla también de:
garzas reales confundiéndose con la luz de la
luna.
Las garzas en
China son blancas. Desde un punto de vista son lo mismo, se confunden con la
luna, desde otro punto de vista son bien diferentes.
Otro verso
recuerda claramente su propia experiencia del Dharma
de talidad mientras estuve cruzando un río al ver su reflejo en el agua:
tú no eres él, pero él claramente es tú.
En el espejo
tesoro de nuestra verdadera naturaleza las cosas aparecen así, todas son
diferentes y todas son lo mismo, en unidad. No basta con caer en la cuenta que
todas las cosas son lo mismo. Eso sería la segunda de las enfermedades zen de las que habla Unmon
[10]
, la cual impide que penetre la
luz. Una persona así es inútil; no ve si alguien necesita algo ni respeta la
unicidad y diferencia de otras personas y situaciones.
Mumon Ekai lo dice
claramente en un poema:
[11]
Con iluminación
todas las cosas son de la misma familia;
(unidad vacía)
Sin iluminación,
cada cosa está separada de la otra y es diferente.
(falsa dualidad, dualismo)
Sin iluminación,
todas las cosas son de la misma familia;
(falsa igualdad, monismo)
Con iluminación,
cada cosa está separada de la otra y es diferente.
(diferencia en la igualdad)
Hay una
percepción falsa de las diferencias, en la que se distinguen unas cosas de
otras, pero falta la experiencia de la igualdad y unidad esencial. También
existe una falsa igualdad, por la cual se ve la igualdad de todas las cosas,
pero no se es capaz de ver las diferencias ni de respetar la unicidad de cada
cosa y persona.
El Dharma de la talidad es la percepción de la realidad con el
ojo de la iluminación, que ve lo igual y lo diferente en uno. Es el modo como
nuestro espejo tesoro refleja la realidad. En tal caso se da uno cuenta del
mundo maravilloso de los diferentes seres; SHIN-KU MYO-U
[12]
, el verdadero vacío
es la maravilla de los seres, en su diversidad y unicidad.
Hacia el final
del Hôkyôzammai Tôzan
muestra las consecuencias para la acción al decir: El hombre de madera empieza a cantar, la mujer de piedra
se levanta a bailar.
El “hombre de
madera” y la “mujer de piedra” representan el mundo esencial, donde no se mueve
nada; hablando con propiedad, ni se mueve ni se deja de mover. No hay cantar ni
bailar. Pero eso que no se mueve, ni canta ni baila, se mueve constantemente.
Canta y baila, se levanta, se sienta, duerme, viaja incluso a Nihonmatsu; está contento de estar ahí, se siente
agradecido etc. Eso no se alcanza pensando o sintiendo; Tôzan
añade: El vasallo sirve a su señor, y un niño obedece a su padre. No es propio de
un niño no obedecer, no es propio de un vasallo no servir.
La relación
armoniosa entre un vasallo y su señor, entre un hijo y su padre aquí son
símbolos que expresan la unidad dinámica del mundo esencial (el señor, el
padre) con el mundo fenoménico (vasallo, niño). El vasallo (el mundo
fenoménico) y el señor (el mundo esencial) son uno, el niño (el mundo de las
diferencias) y el padre (el mundo de la unidad vacía) son uno. Tôzan aquí se vale de una imagen que no es muy frecuente en
el lenguaje zen, mientras que resulta muy familiar en
el lenguaje cristiano, en el cual la relación con el misterio de amor y el
prójimo es central; por lo que este último lenguaje es preferentemente
personal.
Fidelidad a
nuestra naturaleza verdadera, a la luz, es fundamental. A partir de ahí
aparecen nuevos caminos para cada tiempo y lugar. La cuestión está en seguir la
brújula interior, estar conectados a la luz, vivir en armonía con el mundo de
la igualdad mientras se está trabajando, hablando, pensando. Esto no significa
hacerse uno con las circunstancias en el sentido de seguirlas indiscriminadamente. Significa, más
bien, responder a las situaciones desde el nivel esencial. Por ejemplo, en la
película Condenado a muerte, la religiosa
ve en el asesino y violador no sólo un criminal sino que percibe al
mismo tiempo unidad con y respeto por este ser humano, lo cual hace posible
salvarlo, ayudándole a redescubrir su dignidad original. Significa responder
desde el nivel esencial a las situaciones sociales en las que se vive como
hicieron en su tiempo, con sus medios y con su comprensión de la sociedad, Dôgen, Ikkyu, Hakuin,
Senzaki.
“Sé el maestro en
todo lugar”
[13]
dice el Rinzairoku. Esta expresión se
puede entender mal, y en este caso la gente puede llegar a obedecer incluso a
un criminal. Es necesario llegar a ser uno con las circunstancias mientras, al
mismo tiempo, se es capaz de discernir, de distinguir el bien del mal, también
en el nivel social. Eso no es tan fácil, pero muy importante. Es la libertad de
cualquier forma de dictadura, visible o invisible. A menudo, a lo largo de la
historia, quienes vivieron así tuvieron
que afrontar serias dificultades y hasta perder la vida. Raimon
Panikkar dice:
"Mi acción debe
ser fruto de tal pureza de corazón que no esté motivada por ningún fin
extrínseco, ni bueno ni malo, por ninguna ambición de resultados... Se hace
porque se hace. Se hace porque no se puede hacer otra cosa. Se hace porque uno
siente que para él no hay otra solución... Libertad es precisamente la
eliminación de las demás posibilidades. Cuando hago aquello que yo siento el
deber de hacer, entonces el acto es verdaderamente humano y libre".
[14]
Esto es muy
importante y nada fácil, pero pienso que aún hay algo más profundo, cuando
surge espontáneamente, de una manera totalmente natural. Es el WU–WEI, la acción de la no–acción
del espejo tesoro; es el “hombre de madera” cantando y la “mujer de piedra”
bailando. De esta manera la propia acción se inserta “en la verdadera y real
profundidad de la acción divina que impulsa silenciosamente la historia”
[15]
. Una
vez dije al Padre Lassalle: lo más bonito de Zendo Betania en Brihuega es que no lo hicimos nosotros mismos. Y
más tarde a Kubota Roshi:
es como en un barco; desde luego se trabaja, pero es el río el que lleva el
barco a la mar.
El Hôkyôzammai termina con las siguientes líneas:
Trabajando sin
ser visto, funcionando en secreto,
pareciendo torpe, aparentemente estúpido---
Si se es capaz de mantenerse simplemente así,
esto se llama: el anfitrión ve al anfitrión.
“El momento y el
lugar mejor para concentrar el ojo del corazón en tu verdadero yo–mismo, es el retrete”, comenta Yamada
Kôun en su teisho.
El anfitrión ve
al anfitrión --- no–yo viendo no–yo.
El o ella no saben, la iluminación está olvidada y se ha olvidado que se ha
olvidado la iluminación. Que la práctica guiada por una orientación correcta
nos lleve al pleno descubrimiento de este mundo maravillosamente natural de
patriarcas zen como Enô, el
Sexto Patriarca, Jôshu y Tôzan,
en beneficio de muchos otros.
[1]
MIURA, ISSHU & FULLER SASAKI, The Zen
Koan. Harcourt Brace Jovanovich Publishers, San Diego/New
York/London 1965, pag. 54.
[3]
Rudolf Otto en: Zen, der
lebendige Buddhismus in Japan. Gotha. 1925, VIII
[4]
Panikkar acuñó la expresión “E=emir”: La experiencia (E) en
realidad es una experiencia limitada (con e minúscula), limitada aún más por lo
que queda de ella en la memoria (m), habiendo pasado por los condicionantes de
la historia individual (i) y la recepción cultural (r) en que se vive.
[5]
YAMADA KÔUN, Teisho on the
Hôkyôzammai. San'Un Zendo, Kamakura/Japón. Ciclostilado, 13.
[11]
YAMADA KÔUN,
Barrera sin Puerta. Zendo Betania. Brihuega/España 1993;caso 16.
[12]
YAMADA KÔUN, TeishoShinjinmei
San'un Zendo, Kamakura/Japan. Ciclostilado, 26.
[13]
Esta expresión
aparece dos veces (según cita de BRIAN VICTORIA Zen, Nationalismus
und Krieg; Theseus- Verlag, Berlin 1999, 333-334) en el Rinzairoku,
ed. española: Las enseñanzas zen
del maestro Lin- chi. Los
Libros de la Liebre de Marzo, Barcelona 1999.
[14]
15 RAIMON
PANIKKAR, Ecosofía. Para una espiritualidad de la
tierra. San Pablo, Madrid 1994, 50-62.
[15]
FERNANDO
URBINA, Comentario a la Noche oscura del espíritu y Subida al Monte Carmelo de
San Juan de la Cruz. Ed. Marova,
Madrid 1982, 131.
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